Rafael Ruiz Moscatelli

Ex héroe a bordo - La Nación Domingo, 10-12-2006
Posted on Diciembre 10th, 2006 at 10:02 pm by jarpa

La NaciĂłn Mili RodrĂ­guez Villouta

“Sales más alto en la foto”, le dije al verlo. “Gracias”, sonrió. Me dio la mano. Eso me descolocó: la gente del sur y de México saluda así. “Hay cárceles y cárceles”, dijo después. ¿Un experto? Rafael Ruiz Moscatelli es un escritor de leyenda, digamos que hay como una columna de humo que lo precede, aunque el tiempo le perdona la arrogancia de haber vivido una juventud hiperbólica.

Estudió ingeniería y filosofía, estuvo en la clandestinidad (él dice “clandesta”) y después en la cárcel, entre 1983 y 1989. En los ’90 (“puchas que fueron malos los ’90”) creó una empresa, y desde hace un par de años vive en México, en el D.F. Ahora está leyendo “Los detectives salvajes”.

“La furia y la nada”, su segunda novela, recién publicada en Cuarto Propio, se lee de un tirón: Pedagógico de la Universidad de Chile en Macul, fiestas con vino y marraqueta con tomate y discusiones bien transcritas –mucho oficio ahí–. Golpe de Estado. Una barcaza frente a San Antonio. Exilio. Erotismo. Un sentimiento de verdad.

De su pasado de prisionero político sólo dice: “Todas esas ideas románticas que incluso yo tenía sobre la cárcel, que iba a estar solo, y leer, no: ¡lo único que yo quería era salir para estar solo! ¡Era una de andarse chocando con gente!”.

–¿No te sirvió como escritor?

–Yo creo que sí, porque a la larga escribí bastante.

–¿En medio del ruido?

–El ruido de la cárcel es como el ruido de un colegio, pero de alumnos un poquitito más rudos. No hay mucha tranquilidad.

–¿El ruido de México cómo es?

–Maravilloso. Es una ciudad extraña, a uno le gusta y le disgusta, pero es mucho más atractivo imaginar que vives rodeado de 20 millones de personas que ¡con cinco! Los humanos generamos una energĂ­a muy potente, aunque no nos veamos. Y comen rico. Raro, dicen. Rico. Hay una vida cultural y acadĂ©mica, una masa crĂ­tica sustantiva que se mueve todos los dĂ­as en esa ciudad. AquĂ­ hay un duopolio en la prensa escrita, allá uno encuentra pluralismo. Dentro de un aparente caos, que no es tanto, porque los polĂ­ticos mexicanos son unos grandes negociadores, son cautelosos, y a su vez son muy duros cuando hay que ser duros. Pero por debajo de todo eso, o por encima, es la gente que se mueve, escribe, discute, hay tertulia, se escucha al otro…

–¿Qué significa tener 60 años para ti? ¿Eres un sesentero?

–Yo creo que hubo una época en que no era consciente de la vida, sino que la vivía y la recorría, ahora estoy más consciente y me gusta más, o no sé si me gusta más, pero de todo lo que me predijeron respecto a los 50 y los 60 años, no se cumple absolutamente nada. Son aproximados de una tragedia que no me toca.

–¿Qué es lo que está contenido en este libro?

–La primera parte la escribí en Chile, estaba todo mal, tuve que reescribirlo porque no me había desinhibido. No sé qué pasó en México, algo hizo clic y me solté. Narrar te obliga a cerrar la imaginación, y a ponerla detrás de determinados objetivos, estructurales, narrativos, qué sé yo. Es un poco una restricción, pero yo me voy saliendo cada vez más. Lo que percibo es que uno escribe con un ritmo interno, el ritmo tienes que respetarlo. Y creo que siempre voy a escribir de lo mismo. Yo podría estudiar todo Alejandría y escribir una novela sin ir a Alejandría. Pero uno escribe de lo suyo.

ADIÓS, POSMODERNOS

–¿Tú no podrías lanzarte a escribir un libro sobre Alejandría?

–(Sonríe). Es el inconsciente, es que yo creo que el argumento es un simple conductor de algo que está muy dentro de uno. A mí me pasa que a partir de estas historias saco otras; por ejemplo, esto de los posmodernos me tiene loco, me parece algo ¡rarísimo! La década de los ’90 fue muy mala para el mundo, puso al dinero en el centro del universo. Las cosas que se cayeron están ahí, en el suelo. Pero las que se levantaron tenían muy poco valor.

–No valían más que un Porsche.

–Tienen muy poca consistencia, muy poca densidad. La década de los ’90 fue atroz, se consagraron los posmodernos en todas las corrientes. Yo quiero escribir sobre eso, y el narrador va a ser un posmoderno, o una posmoderna.

–¿Uno arrepentido, retirado? Porque está lo que hicieron.

–¡Hay que hacer la medición de los daños!

–¿Y tú qué eres?

–Yo soy socialista. Creo en las comunidades, en la sociedad, creo que la sociedad es anterior a la polis, que hay que buscar fórmulas de ser más generoso y solidario, que el dinero te obliga a ser egoísta, que es más cara la justicia social, no me cabe la menor duda, pero es más justa.

–Tenemos una Presidenta…

–Extraordinario, porque somos un país conservador; un país donde la misma Concertación y la izquierda son conservadoras.

–¿A ti no te ha movido alguna baldosa?

–No, no creo (se ríe), porque en las cosas en que trabajé, siempre había muchas mujeres. En la clandestinidad había cientos de mujeres.

–En tu libro, siempre son las apoyadoras o las madres.

–Es que esa es parte de la pega, proteger; si nosotros somos unos desvalidos, ¿ya? La verdad es que para mí no hay problema.

–¿No existe el problema?

–Existe en la sociedad, ¡pero para mí no existe!

–¿Tú has sido desvalido?

–Yo soy muy vulnerable. ¡Porque ando muy atento! Tenemos que andar atentos.

–¿Eso es lo que te hace vulnerable?

–O absorbente, no sé.

–Has pasado ese examen. ¡Con un 4!

–¡4,2! Es un tema que no discuto mucho, no veo qué voy a discutir.

–¿Cómo ves el tema de la corrupción en Chile?

–La corrupción en Chile es chica, comparativamente, pero eso no significa que no sea importante vigilarla, atacarla y perseguirla hasta el infinito. Cuando aumenta el poder del dinero aumenta la corrupción.

–En este minuto, ¿qué significa para ti la palabra héroe?

–Nunca significó mucho. Los escritores afirman su narración en un personaje, y el héroe de un escritor va a ser un gallo despaturrado, vale decir.

–¿Otro escritor?

–No estamos de Flash Gordon ni Sandokán, y es difícil que un gerente general pueda ser un héroe (risas). ¿Los emprendedores? Son mucha gente como para individualizarlos, no son sólo los gallos que lograron consolidar, son los que todos los días fracasan, triunfan, etcétera.

–Todos los que somos capaces de levantarnos en la mañana.

–A mí me dan risa los posmodernos, su lata de los ’90 era que el mundo se había quedado quieto, alguien lo había metido en el freezer ¡y de ahí el mundo no se iba a mover! Hoy estamos llenos de guerras, muere la misma cantidad de gente que moría en las décadas pasadas, y en la anterior, y en la anterior, ése es un problema a resolver de la humanidad. Pero América Latina está volviendo a preocuparse de lo que importa. Algo se va armando, algo va despertando nuevo y creo que va a haber una alianza entre emprendedores y sociales, porque este cuento está demasiado desbalanceado.

UNA PRODUCCIÓN DE PARANOIAN FILMS

–¿Y tus héroes literarios?

–Te contesto por los escritores que quiero. Yo quiero a Carpentier, a Galeano, Cortázar, Collyer, Vargas Llosa… Tuvimos un período malo en la narrativa latinoamericana, los grandes narradores empezaron a buscar las historias en otras partes. Quizás, Carlos Fuentes fue el único que siguió contando las historias de México. Bolaño se mezcla con su texto de manera mucho más promiscua que otros, él escribe de él y sus amigos.

–Bolaño decĂ­a que el escritor es un vidente, tĂş dices “mi vulnerabilidad viene de estar muy atento”… Hay una broma de Truman Capote: “Esta es una producciĂłn de Paranoian Films” (se rĂ­e mucho). ÂżLos ’80 y ’90 fueron una producciĂłn de Paranoian Films?

–(Silencio). Me hizo muy mal a mí eso, me frustró mucho, me dio mucha impotencia. No había de qué conversar. Yo me transformé en esa época en pequeño empresario, fue el espacio que encontré. ¡Y atroz, porque sólo hablaba de dinero! Después miré y vi qué era Menem en Argentina, el pelotudo de Fujimori en Perú; un señor que no conocía Bolivia gobernaba allí. Creo que vamos saliendo. ¡Nadie decía nada! Yo admiraba a los argentinos que, por lo menos, le decían a Menem en su cara que era un patán, un sinvergüenza.

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