Posted on Julio 26th, 2007 at 2:22 pm by rafaruiz
LA PRIMERA VEZ que escuché hablar de Roberto Bolaño, consagrado antes de su prematura muerte como el nuevo despunte de la narrativa latinoamericana, fue a un amigo que se dedica a la política y sabe de música y literatura como el que nadie. Me lo recomendó cuando el autor todavía vivía en Barcelona, dedicado a consolidar su enorme poder para escribir y para pensar. Eran los ’90, que para mí fueron tiempos de relecturas. Lamento no haber leído a Bolaño en ese tiempo. Releí con agrado “El Rodaballo”, una novela de Gunther Grass, el interesantísimo autor alemán. El mismo que afirma que no está dispuesto a facilitarle el trabajo al lector. Seguramente lo dice para molestar a algunos editores que desearían que sus textos fueran “entretenidos”. Lo entretenido debe ser parte de la industria del entretenimiento. Mas no todos los libros son productos industriales. Ni todos los escritores quieren ser industriales de la narrativa.
Es muy probable que la obra de este escritor a muchos chilenos les importe un comino. Sólo un idiota en el sentido griego del término; idiota es el que se ensimisma, el que sólo se preocupa de cosas materiales, puede tragarse el cuento de la impecabilidad del país. Sin embargo, tenemos maravillas de diversos tipos y en diversos planos Aunque la negrura de corazón se ha puesto de moda en Chile, en otras partes también se cuecen habas. Vilas Matas, reconocido escritor contemporáneo, les llama la atención a sus colegas españoles que van a la Feria del Libro de Frankfurt a quebrar lanzas, sin tomar en cuenta a Bolaño, omitiéndolo por una u otra razón. No tiene sentido el es ineludible. Bolaño usó sus reglas, se involucró en su texto, para algunos lo exageró, mezcló de manera brutal la realidad con la ficción y lo pudo hacer porque su inteligencia y talento narrativo lo permitieron. Si no sus lectores lo habrían rechazado. El “bolañismo” quizás impulse a algunos a crear una literatura contraria a la de Bolaño. Sería absurdo. Lo que él escribió lo venía madurando, en esa cultura mestiza, adquirida en las calles de Ciudad de México. En los innumerables versos que escribió a contrapunto y café con leche con sus colegas “los poetas infrarrealistas”. Con los puñetazos que dio y recibió en el DF, con el desenfado de su generación para rebelarse ante los consagrados. Con su rechazo visceral a la dictadura. Más, todo aquello no valía nada frente a esa gran voluntad de escribir y ser escritor.Ver enlace o link al articulo en este mismo sitio.